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EL CHOFER Y LA SEÑORA DAISY, de Alfred Uhry


Bella alabanza a la dignidad de la vejez y a la amistad verdadera.
Texto y fotos: Salvador Perches Galván.

Driving Miss Daisy, conocida como El chófer y la señora Daisy, es famosa por su versión cinematográfica, pese a su origen teatral. La hollywoodense película fue dirigida por Bruce Beresford en 1989, con guión de Alfred Uhry, autor de la obra de teatro, y fue protagonizada por Jessica Tandy, Morgan Freeman, Dan Aykroyd y Patti LuPone.

Jack Colburn se sienta en el asiento delantero con sus manos en el volante listo para conducir, pero no es un asiento para él. La señora Daisy no quiere un chofer y no cederá. Jack tampoco. Paradojas del destino, dos personas tan diferentes tienen mucho en común. Y el camino abollado por el que ellos viajan finalmente los conducirá a la amistad de una vida. 



La señora Daisy, una antipática profesora jubilada de 72 años, decide comprarse un coche. Su hijo, temiendo un posible caos circulatorio o, peor aún, un accidente, luego de un incidente sin mayores consecuencias, contrata a un chófer negro para que conduzca el vehículo. Al principio, la anciana y el tranquilo conductor no se llevan demasiado bien...

A pesar de las grandes diferencias entre estos personajes, poco a poco establecen un fuerte vínculo que se convierte en una bonita amistad. Esta obra expone a dos seres separados por cuestiones religiosas, raciales y de clase, que aparentemente no serán capaces de pasar juntos más de 15 minutos, sin embargo la agudeza de una y la necesidad del otro, se combinan para prolongar esta amable travesía llena de conmovedoras paradas en el camino.



La historia cuenta la vida de la señora Daisy y su punto de vista a través de una red de relaciones y emociones que se desarrollan en su casa, en la sinagoga, entre sus amigos y familiares, temores y preocupaciones. Jack, rara vez se ve fuera de la presencia de la señora Daisy, aunque el título implica que la historia es contada desde su perspectiva. La película fue ganadora del Oscar de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de los Estados Unidos a mejor película en 1990.

En 1948 Daisy Brooks, viuda judía de 72 años, vive en Atlanta, Georgia en  compañía de su trabajadora doméstica. Después de un leve accidente en su automóvil, su hijo, Bobby, le contrata un chófer porque, dadas las condiciones, ninguna compañía la asegurará. Ella se niega, pero Bobby está decidido a encontrar uno. Mientras tanto, ella está en casa incapaz de realizar sus compras, visitar a sus amigos y asistir a la sinagoga, por no poder conducir. Bobby encuentra a un hombre negro, Jack Colburn. La señora Daisy en un principio se niega a aceptar los servicios de Jack, ante el hecho de que las personas puedan llegar a creer que es demasiado vieja y torpe para conducir.



La señora Daisy termina por aceptar a Jack y el hecho de que necesita ayuda. Daisy descubre que Jack es analfabeto, y, dada su antigua profesión como maestra, le enseña a leer. La señora Daisy tiene que asistir a la fiesta de cumpleaños número noventa de su hermano en Alabama. Jack le revela, durante el viaje, que es la primera vez que sale del Estado de Georgia. La señora Daisy se ve confrontada, en varias circunstancias durante el viaje, con los prejuicios sociales y raciales. Al paso del tiempo, Daisy toma aprecio por Jack. En 1965 la trabajadora doméstica muere. La señora Daisy entristece por la cercanía y el tiempo que compartió con ella, y acompañada por su familia son las únicas personas blancas en el funeral.

Ante los importantes cambio sociales de la época, la señora Daisy observa con especial atención los prejuicios y la discriminación hacia los negros y los judíos por lo que asiste al discurso en Atlanta del Dr. Martin Luther King, invitando a su hijo a la cena, pero él se cuestiona la conveniencia de aceptar, por su posición y los pensamientos de sus asociados, y sugiere a su madre invitar a Jack. Daisy no menciona la invitación a su chofer hasta que está llevándola a la cena. Su renuencia a invitar a Jack subraya el racismo pasivo que a menudo pasa inadvertido en comparación con el racismo abierto y agravado.

Años más tarde, Jack llega a casa de la señora Daisy y la encuentra en un estado de confusión, él llama a Bobby y le dice que su madre se encuentra mal. Antes de la llegada de Bobby logra tranquilizar a la señora y ella le revela a Jack que él es su mejor amigo sujetándole la mano. Bobby decide que lo mejor para su madre es que sea atendida en una casa de retiro.



Dos años más tarde, en 1973, Bobby decide vender la casa de su madre, y Jack se ha retirado de la conducción, ahora cuenta con 85 años y la señora Daisy con 97. Bobby y Jack se reúnen en casa de la señora Daisy y parten de ella a la casa de retiro para visitarla. La historia termina con Jack dando de comer un trozo de pastel a la señora Daisy, ambos recordando viejos tiempos y mezclado con la imagen del auto que inicialmente Hooke condujo para la señora Daisy, desplazándose por una calle con rumbo al horizonte.
Driving Miss Daisy es la primera obra de teatro de la Trilogía de Atlanta de Alfred Uhry, en las que se narra la vida de algunos miembros de la comunidad judía en la ciudad de Atlanta, Georgia. Alfred Uhry consiguió gran éxito con su obra, llegando a ganar el Premio Pulitzer para obras dramáticas.
El título puede ser interpretado como Manejando a la señora Daisy por el papel de Jack al lidiar con el difícil y huraño carácter de la señora Daisy.
Jessica Tandy se hizo acreedora al Oscar por mejor actriz, así como Alfred Uhry por mejor guión adaptado. Morgan Freeman y Dan Aykroyd fueron nominados a la estatuilla, sumando un total de 9 nominaciones. La cinta también ganó tres Globos de Oro: Mejor Película, mejor actor y mejor actriz.

Después de 17 años de ausencia en el teatro, El chofer y la señora Daisy, marca el retorno de María Rojo a los escenarios teatrales. Para la actriz es un lujo hacer esta obra, que además de ser Premio Pulitzer en 1988, le brinda la posibilidad de actuar al lado de dos grandes actores Ari Telch y Salvador Sánchez, con quienes ya ha trabajado en cine y en teatro, con Ari Telch protagonizó la versión teatral de la polémica La tarea, de Jaime Humberto Hermosillo.



Para la actriz es un gran reto interpretar el personaje de la señora Daisy, ya que la obliga a vivir una vida, de 72 a 97 años, en escena, sin maquillaje, a cara lavada y a la vista del público. La actriz había recibido otras propuestas, teatrales con historias que casi eran recurrentes con Cada quien su vida o para bailar mambo y no le interesó.

Con esta obra, el público amante del teatro queda gratamente sorprendido, pues ríe y reflexiona un rato. El montaje, bajo la producción de Guillermo Wiechers y Juan Torres y dirigida por el joven Diego del Río, plantea el reto actoral que sus protagonistas tienen que envejecer ante el público durante los 90 minutos que la obra dura.



En un primer nivel El chofer y la señora Daisy parece no ofrecer gran cosa, pero entre líneas es donde se muestra con todo su esplendor. Su gracia radica en los personajes y cómo se van desarrollando.Es una pieza entrañable, muy bien hecha, con una efectiva curva dramática, puesta con delicadeza, cuenta con música creada ex profeso y sobre todo convoca a la magia del teatro, es creer que Salvador Sánchez es negro y que a María Rojo le faltan dos minutos para cumplir 90 años y ese es el reto. Justo es mencionar que María Rojo demuestra su calidad histriónica, ya que está absolutamente fuera de papel, y sin embargo, gracias a su talento interpretativo logra sortear ese severo problema. Su caracterización consiste en una peluca y se apoyan de tres sillas y una mesa para simular el auto. Con este montaje el joven Diego del Rio demuestra que puede hacer mucho más que una “copia fiel del original”, enfrentando una propuesta original, donde se ve su creatividad en una obra sencilla y compleja a la vez.

Imposible dejar de mencionar que la primera actriz Amparo Rivelles, que hizo carrera en nuestro país, interpreto el papel de la señora Daisy en Madrid, en una puesta conmovedora, hace una década.
Basándose en hechos reales, Uhry creó una bella alabanza a la dignidad de la vejez y a la amistad verdadera. Una obra repleta de sensibilidad, diálogos que calan hondo en su sencillez y su sinceridad y escenas que regalan la vida cotidiana de personas corrientes que van afrontando su ancianidad.

El teatro es de todos. ¡Asista!

Muy disfrutable. 

El chofer y la señora Daisy De: Alfred Uhry.
Dirección: Diego del Río. 
Actuación: María Rojo, Salvador Sánchez y Ari Telch. 
Teatro Rafael Solana. Centro Cultural Veracruzano, Miguel Ángel de Quevedo 687, Coyoacán
Teléfono 5554 1633 5659 8538
Viernes 20.30 horas. Sábado 18 y 20.30 horas. Domingo 18 horas.
Boletos $500.00, admisión general

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